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Asen Asumani, joyero artesano

La joyería como acto íntimo

Hay algo profundamente personal en una joya. No solo por lo que representa, sino por todo lo que ocurre antes de que llegue a nuestras manos: las ideas, las pruebas, el fuego, la transformación. Detrás de muchas de nuestras piezas, especialmente aquellas que nacen de la microfusión, está él: un artesano que no solo domina la técnica, sino que ha hecho de la joyería su forma de vida.

 

Su camino en este oficio comenzó de manera inesperada, en el taller de su mejor amigo Martín, en Bulgaria. Entre cervezas y charlas, mientras Martín trabajaba en encargos, él moldeaba retales de cera sin más pretensión que jugar. Así nació su primera pieza: una mini ballesta que pidió fundir por pura curiosidad. Y fue solo el principio.

 

Más tarde, en Inglaterra, se hizo con sus primeras herramientas propias y empezó a crear piezas para amigos: anillos, pendientes, collares… lo que fuera surgiendo. En un mercado de Londres, una conversación con una vendedora mayor le abrió un nuevo mundo: el de la joyería erótica. Fue entonces cuando hizo su primer cockring, una pieza tan personal como delicada, y descubrió que, si encontraba el canal adecuado, había todo un público esperando.

Ya en España, dio un paso valiente: dejó atrás una carrera de 14 años como cocinero y decidió dedicarse por completo a la joyería. Se registró como autónomo, se graduó en joyería en la EASD de Valencia y poco después empezó a ofrecer también servicios de fundición para otros joyeros.

 

Desde 2020, trabaja profesionalmente en esta doble faceta: joyero y fundidor. Sus herramientas y conocimientos le permiten experimentar con materiales diversos: plata, aluminio, bismuto, cromo-cobalto… y técnicas que van desde la impresión 3D al modelado tradicional en cera o la fundición en arena.

 

Pero si hay algo que disfruta especialmente, es el grabado con buril. Motivos florales, animales y formas tradicionales cobran vida bajo su mano firme y precisa. Aunque él se describe como una persona más técnica que creativa, muchas de sus ideas surgen de los lugares más insospechados —como una colección inspirada en un vídeo sobre frenos de bicicleta— y acaban convirtiéndose en piezas únicas.

La joyería erótica no es solo una categoría, es una declaración de principios. Sus piezas se llevan en lo más íntimo. Por eso, Asen cree en la importancia de la confidencialidad, la atención personal y una mentalidad abierta. “Me gustaría animar a la gente a tener más confianza en su sexualidad y a que dejemos de ser una sociedad tan hipócrita con respecto al sexo”, afirma.

 

Más allá de su trabajo individual, valora profundamente la colaboración. Disfruta haciendo proyectos con otros artesanos y sueña con encontrar a la persona adecuada que le ayude a desarrollar el marketing de sus productos. “Este es un negocio como cualquier otro”, dice. “Y el problema es que muchos entran desde la perspectiva del hobby o el arte, sin asumir lo que implica emprender de verdad: disciplina, constancia, y la capacidad de levantarse cada día y hacerlo todo tú”.

 

Quizá por eso trabajar con él es tan fácil: porque entiende que crear es también organizar, sostener y comprometerse. Porque su conocimiento técnico se convierte en una herramienta para que otros puedan contar su historia a través del metal.

 

El arte necesita técnica, y el fuego necesita manos que sepan guiarlo.

 

Gracias Asen por estar aquí, por entenderme desde el principio, por enseñarme y por darme la oportunidad de crear joyas que le dan vida esta historia.

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